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La UNIVERSIDAD DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA (UPC) es un espacio privilegiado de encuentro, intercambio, formación y generación de acciones entre líderes de movimientos juveniles e instituciones dedicadas al trabajo con jóvenes en Iberoamérica. Apunta a fortalecer el campo de la ciudadanía y el activismo juvenil orientado al desarrollo.
Habiendo surgido a comienzos del año 2004 por iniciativa del Foro Juvenil de Uruguay y la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) de Montevideo con apoyo de la Alianza Latinoamericana y del Caribe de ACJs/YMCA (ALCACJ) y el Consejo de la Juventud de España (CJE), se realiza cada año entre febrero y marzo. Fue inspirada en el modelo de la Universidad Juventud y Desarrollo que se realiza en Mollina-España y que en septiembre de 2010 celebró su onceava edición.
Son organizadores de la UPC: la Asociación Cristiana de Jóvenes de Montevideo (ACJ), la Alianza Latinoamericana y del Caribe de Asociaciones Cristianas de Jóvenes (ALCACJ), el Espacio Iberoamericano de la Juventud (EIJ), el Foro Latinoamericano de Juventudes (FLAJ) y el Instituto Nacional de la Juventud de Uruguay (INJU).
Los socios y auspiciantes son : el Centro Norte Sur del Consejo de Europa (NSC), el Consejo de la Juventud de España (CJE), el Foro Europeo de la Juventud (YFJ), y la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ).
La octava edición de la UPC tendrá lugar del 22 al 27 de febrero de 2011 en el Campamento Artigas (Colonia-Uruguay) de la ACJ de Montevideo.
En tanto esta edición se da en el marco del Año Internacional de la Juventud y siendo ésta Universidad de Participación Ciudadana (miembro de la plataforma de Universidades de Juventud para el Desarrollo) la única que se celebrará en el continente Latinoamericano, tendrá al Año Internacional de la Juventud 2010-2011 y la situación actual de acceso a derechos de los jóvenes, en particular en Iberoamérica, como focos temáticos y estratégicos.
Los y las jóvenes son protagonistas activos en procesos de cambio cultural, social, económico y político. Nuestras sociedades son más diversas, plurales y la juventud está aportando mucho a vivir esta diversidad como riqueza y a interactuar de maneras muy flexibles, produciendo fenómenos muy interesantes en el campo de música, danza, artes visuales etc. Son activos participantes en las redes sociales y el desarrollo de nuevas
modalidades de participación y activismo utilizando las TICs. Se esfuerzan por estudiar, trabajar y construir proyectos personales y grupales, en contextos no siempre favorables-
Sin embargo, observamos con preocupación la situación de los y las jóvenes en todo el globo pero en especial en el contexto regional. Como nunca antes, los y las jóvenes de Iberoamérica tienen algo que los une. En Iberoamérica (América Latina, República Dominicana, Cuba, Andorra, España y Portugal) hay cerca de 150 millones de jóvenes, de los que el 45% -unos 68 millones- están desempleados, según un estudio de la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ). De estos, unos 105 millones aproximadamente viven en América Latina. Si bien, esta región, es conocida como
el continente joven (Las proyecciones demográficas indican que de los 576 millones con los que cuenta el subcontinente para el año 2010, el 69% son personas menores de 40 años), este “bono demográfico” no está siendo acompañado de políticas efectivas de desarrollo del acceso juvenil al ejercicio pleno de derechos.
Buena parte de América Latina ha ratificado diversos tratados y convenciones para garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las y los jóvenes (Programa Mundial de Acciones para la Juventud, la declaración de Lisboa, la Convención Iberoamericana de Derechos de los jóvenes, la Declaración de la World Youth Conference – México 2010), pero la observación de la realidad en términos de ejercicio de derechos, nos muestra que
una de las problemáticas más fuertes en el caso de la juventud latinoamericana es la violación a sus derechos en cuanto a empleo, educación, salud, salud sexual y reproductiva y representación social y política.
Por un lado el incremento de la violencia y situaciones delictivas en América Latina, genera que algunos actores políticos apuesten a presuntas soluciones (baja de imputabilidad, incremento de las penas de privación de libertad) que sólo producirán más gente presa a edades más tempranas y un aumento de la violencia, tal como ocurrió en todos los países en los que se implementaron iguales medidas. En este contexto se abona un terreno fértil para un discurso de “mano dura” contra lo mejor que se ha logrado en la lucha por los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Por otro, el ya mencionado contexto en el cual se desenvuelven la juventud iberoamericana, que hoy muestra crisis profunda en Europa que empuja “al paro”, mientras que el crecimiento económico de América Latina, no ha venido acompañado necesariamente de mejoras en la inserción laboral de los jóvenes y suele reflejarse en una precariedad del mercado laboral juvenil expresada en desempleo y/o acceso a empleos con un reducido nivel de salario y sin acceso a protección social
Luces y sombras de una realidad paradojal
Los jóvenes son, sin lugar a dudas, un motivo de esperanza para la libertad, la justicia y el desarrollo en Iberoamérica como en todo el mundo, especialmente si pueden acceder al ejercicio pleno de sus derechos y por ello es necesario trabajar para el desarrollo de políticas a favor y con los jóvenes como protagonistas.
En el marco de un año internacional de la juventud, no podemos hacer más que reclamar espacio de reflexión que reubique la situación de la Juventud y su acceso al ejercicio pleno de sus derechos. La UPC, en tanto ámbito de encuentro de representantes de los y las jóvenes en Iberoamérica y de otras partes del mundo, parece propicio para analizar el punto a la luz de las múltiples herramientas que dan cuenta de los derechos específicos de los y las jóvenes (Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes, Carta Africana de los Jóvenes).
Así mismo, se hace necesario revisar los avances que supuso la Cumbre Joven Euro Latinoamericana y Caribeña (España-mayo-2010), lo que implicó la Conferencia Mundial de Juventud (México-agosto-2010) y las declaraciones de Bahía y Guanajuato. Es tiempo de pensar en cómo los y las jóvenes organizados se apropian del AIJ como herramienta de impulso a la participación juvenil y de incidencia en el diseño de políticas públicas que
garanticen los derechos de los y las jóvenes. La UPC será también una oportunidad para pensar qué se debe hacer después de un Año Internacional de la Juventud, en tanto estrategia de seguimiento de los procesos de incidencia y las agendas de cooperación.




